Como cada 8 de marzo, es un buen
momento para recordar lo caro que nos resulta mantener el abismo de cristal que
supone el desaprovechamiento del talento femenino en la economía europea: un 9%
menor del crecimiento esperado (en torno a los 9000 millones de euros).
En nuestro país dicho abismo
supone más de un 11% de diferencia entre géneros, lo que resulta intolerable no
sólo por razones obvias de justicia y equidad social, sino igualmente por
razones de rentabilidad y crecimiento económico.
La perspectiva femenina resulta
esencial dado que toman más del 80% de las decisiones de compra, determinando
el consumo local a través de sus gustos, preferencias y expectativas. Resuelven
mejor aquellos problemas que exigen creatividad en un mundo que no para de
cambiar. Su optimismo vital resulta contagioso para una sociedad necesitada de
estímulos. Son un potente motor de innovación.
Las cifras son aún escandalosas. No podemos seguir consintiendo
que por cada euro masculino, la mujer sólo perciba 81 céntimos, que siga
haciendo estragos en el colectivo femenino el “síndrome del impostor”, o que, bien lejos aún de la lógica paridad, sólo
1 de cada 5 asientos directivos lo estén ocupando por méritos propios actualmente mujeres.
Desde Espaciosquevenden somos plenamente conscientes de que debemos redoblar nuestros esfuerzos por identificar los
sesgos de género, erradicar los fundamentos de la desigualdad y habilitar
herramientas y estrategias para detectar y prevenir hasta la menor conducta
discriminativa y trasladar en nuestro quehacer profesional dicha sensibilidad a
todas aquellas empresas y organizaciones para las que trabajamos.
Desperdiciar tanto talento femenino es
un verdadero despilfarro que, en pos del fortalecimiento de nuestra competitividad empresarial, supone un derroche de valiosos recursos que en modo alguno nos podemos permitir y pone en riesgo nuestra
sostenibilidad. Debemos aprovechar un valor único e inestimable. Algo que siempre, y no solamente en días señalados, como el de hoy, debiéramos recordar y responsabilizarnos como sociedad.



