jueves, 27 de agosto de 2015

Medir para mejorar ventas


El sector del pequeño comercio se encuentra en una fase difícil tanto por la fuerte competencia como por la creciente exigencia del mercado. Los responsables de tienda están obligados a adaptarse a las exigencias del mercado y a flexibilizar su estrategia empresarial. Además el comercio online ha supuesto nuevas oportunidades de negocio, tanto a nivel nacional como internacional; pero también implica analizar distintos parámetros e indicadores según el canal de compra del cliente. 


Es necesario conocer: ¿Cuán es el valor de atracción de nuestro escaparate? ¿Cuál es la afluencia de personas a nuestra tienda? ¿Cómo medir su evolución o distribución? ¿Cuántas personas de las que visitan nuestra tienda se convierten en un ticket? ¿Cuántos visitantes terminan siendo nuestros clientes? ¿Cuál es el tiempo que permanece el cliente de media dentro de la tienda? ¿Cuántos artículos nos compra cada cliente online y offline? ¿Cuántos clientes abandonan el carrito de compra? ¿Cuántos visitan nuestra web y terminan siendo clientes? 



Conscientes de la complejidad de medir y monetizar el comportamiento del cliente, Espaciosquevenden ayuda a los comerciantes a trabajar en un reporting que se adapte a las necesidades reales de su empresa. Con una metodología Learning by doing para poder llevarse todos los casos prácticos en su portátil y ponerlos en práctica directamente en su empresa. Todo ello, de la mano de Instructores que se enfrentan diariamente a la misma problemática que Vd. Profesionalidad que le ayudará a vender más y mejor cada día. Descubra con nosotros cómo medir representa una verdadera oportunidad para mejorar.


 Catálogo Formativo 2015-2016

domingo, 23 de agosto de 2015

Smart Life



Al comenzar el día, lo primero que oigo es el despertador de mi móvil; lo primero que miro no es mi rostro cansado en un espejo, sino la pantalla de 5,7 pulgadas de mi móvil para leer los mensajes nocturnos o los de los más madrugadores. Visito a continuación las webs de noticias mientras tomó café. Y ya no suelto el aparato en todo el día. Porque me hace de guía cuando me subo en el coche, me recuerda mis citas, me recomienda donde puedo comer o comprar, me permite ocupar el tiempo con algún juego en los tiempos muertos, me permite comunicarme sin el atosigamiento del contacto personal con mis compañeros de trabajo, mis amigos o mi familia a través del WhatsApp… y de vez en cuando incluso hago alguna llamada.

La computación portátil y cotidiana ya no sorprende a nadie. De ser un símbolo de estatus hace unos años, ha pasado a convertirse en una herramienta para organizar la vida diaria, o a ser un accesorio estándar de todos los ciudadanos, y una expresión de estilo personal y modo de vida. Navaja suiza de nuestro tiempo, los dispositivos tecnológicos se abren, multiplican y desdoblan hasta llegar a convertirse en GPS, cámaras fotográficas o de vídeo, reproductores de radio o música, televisión, bibliotecas…


En 2020 siete de cada diez seres humanos irá acompañado permanentemente de un dispositivo móvil inteligente adherido a su cuerpo y conectado a Internet (wereable) provisto de todas sus aplicaciones favoritas. Dicho dispositivo sólo en algunos casos será un teléfono. Los vehículos conectados a la red (y quizá sin conductor humano) superarán los 150 millones. Internet es tan necesario en nuestras vidas que la posibilidad de desconexión (nomofobia) es una de las fuentes de ansiedad más temidas.


Serán cotidianos los dispositivos de realidad aumentada que dejarán desfasado el gesto de revisar la pequeña pantalla de los actuales Smartphone. Entre aquellas alternativas en liza (Google Glass, Oculus Rift, Hololens…) no sabemos cuál será la más aceptada por el consumidor. Estaremos monitorizados para controlar el nivel de actividad, las fases de sueño, el ritmo cardiaco o incluso los niveles de glucosa en sangre.


Volveremos a usar la voz, incluso para activar los emoticonos de WhatsApp, a través de asistentes personales que dejarán en paños menores a los actuales Cortana o Siri.


La interacción con nuestros dispositivos será intermodal, implicando todos los sentidos. A las interacciones visuales y auditivas actuales, podremos incorporar el tacto (besos) o disfrutar olores y sabores, quizá gracias al Mixed Reality Laboratory, e incluso llegar a comunicarnos con el pensamiento, como ya lo hacemos con los drones y robots actuales, pero sin necesidad de llevar un casco o red de electrodos en la cabeza. 

Nuestros dispositivos cotidianos tendrán un mejor conocimiento del contexto en el que nos encontramos, de nuestros gustos y necesidades, para así poder convertirse, eventualmente, en verdaderos asistentes. A nivel social, será posible conocer el comportamiento agregado de barrios, ciudades, países e incluso continentes, ayudando a nuestros gobernantes a tomar las mejores decisiones a la hora de afrontar retos globales acuciantes, como el actual envejecimiento poblacinal o la prevalencia de las enfermedades crónicas. 

Esta relación continua -e incluso íntima- que tenemos con nuestros móviles, combinada con nuestra neuroplasticidad cerebral, está ya redefiniendo quiénes somos como individuos y como especie humana. Habilidades que eran comunes en un pasado cercano, están obsoletas en la actualidad: ¿Cuándo fue la última vez que memorizaste un número de teléfono? 

Aunque desconocemos las consecuencias a medio-largo plazo de dichos cambios en, nuestra memoria, nuestra habilidad para concentrarnos y distraernos, nuestras necesidades, nuestro estado emocional y nuestras relaciones interpersonales. Hemos de ser conscientes de que una tecnología adoptada universalmente conllevará una redefinición de nosotros mismos y nuestro modo de entender el mundo, pegados a nuestros dispositivos renacentistas, multidisciplinares e irresistiblemente bellos. 

Pero yo, al menos, sigo prefiriendo los besos "en directo" de mi chica.