martes, 21 de julio de 2015

¡Refréscate! (Cantimploras visuales en tu escaparate)



Los 36º que marca el termómetro en el centro de las ciudades en la época estival, no resultan los mejores aliados para retener a los viandantes frente a los escaparates recalentados por el sol, ¡ah!  y ayudado por el chicle del asfalto.


Uno de los atributos que poseen los escaparates como herramienta de seducción, es el uso del "color" que con sutileza convertirá vuestras exposiciones en pequeños oasis, que mantendrán pegados a nuestros seguidores, permitiéndonos sumar segundos de su preciada atención sobre el producto, mientras rebajamos la temperatura  psicológica de su agobio.

Todo esto gracias al empleo cómo fondo de una imagen refrescante, que da marco al producto comercializado. Si os parece podemos analizar el ejemplo empleado:


1) Colores acuáticos, verdes/azules en diferentes gamas e intensidades, que por su cualidad fría, transmiten la sensación psicológica perseguida. Los colores fríos proporcionan una mayor sensación de espacio, favoreciendo el efecto de profundidad

2) Formas onduladas que definen la ola y colaboran junto con la cualidad del color en la sensación de movimiento, llegando las refrescantes gotas hasta nuestros espectadores.

3) La situación del producto promocionado , avanzando de izquierda a derecha, incrementa  la sensación de velocidad.

4) El equilibrio del surfista nos implica en la acción, como parte de la historia.

Las composiciones de verano se ven reforzadas por la presencia de los colores fríos en todas sus intensidades abarcando las gamas de verdes, azules…independientemente de su saturación (colores mas puros e intensos o bien con mayor mezcla) también las texturas aportaran sensación de ligereza y frescor, seleccionando  para ello, acabados satinados que reflejan  luz y por tanto frialdad.

Quizás os  preguntéis ¿por que tanto interés en retener a los viandantes delante del escaparate con este calor? Pues bien, la suma de esos pequeños segundos que escudriñamos poco a poco en nuestros espectadores, entregándoles "cantimploras visuales”,  incrementa el numero de ventas en el interior del establecimiento;  realizando una función de captación, invitando con sus argumentos visuales, a quien lo contempla a una relación más intima con el producto en el interior. ¡A mas segundos de atención, mayor posibilidades de venta! Todos los medios empleados para llamar la atención de los espectadores serán pocos para el resultado final, este juego de seducción para retener sus miradas estará bien compensado.




En este proceso actúan diferentes elementos, el color, siempre presente junto con otros mecanismos de atracción, como la iluminación de nuestra fachada y escaparate, lo originalidad de la composición  y las técnicas para retener la vista del espectador, a las  que mas adelante dedicaremos atención.

Existen como refuerzo,  algunos sistemas que favorecen nuestros mecanismos sensoriales, como  el olfato, impregnando el ambiente con aromas de hierba recién cortada o sales de mar, que a través de difusores nos trasladan a lugares anhelados o acompañados por susurros de brisa y suave sonidos de agua. En este viaje, no deben olvidar los productos (las compras) adquiridos en vuestro establecimiento.


¡Felices compras y felices vacaciones!



lunes, 20 de julio de 2015

Profesional Photo-Branding


Los seres humanos necesitamos comunicarnos mucho antes de la llegada de las nuevas tecnologías. La manera en que nos presentamos a los demás, tanto en el mundo real como en la red, resulta crucial para cada uno de nosotros, lo que nos obliga a construir no solo una marca creíble, sino seductora, ya sea para buscar un trabajo o conseguir un contrato profesional, todos aspiramos a presentar nuestro mejor aspecto, el perfil ideal para triunfar ante la valoración de terceros, a los que queremos lograr impresionar.
Ya no basta un descuidado selfie ocasional. Es necesario cuidar cada detalle para conseguir es naturalidad arrebatadora que configura nuestra identidad en el escaparate virtual de las redes sociales, en el que un público acostumbrado a ver imágenes de gran calidad, no se conforma con cualquier cosa. Buscamos sorprender y destacar frente a los demás con poses atractivas, gestos atrevidos espontáneos que se plasmen como pequeñas obras envidiables de arte digital, donde la sencillez requiere un esfuerzo técnico considerable y nada es dejado al azar.
 

Tras la fiebre del selfie, asistimos ahora a un repunte de las sesiones de estudio al calor de un nuevo concepto: la profesionalización de la autoimagen. Cualquier excusa es una buena oportunidad para brillar ante nuestros seguidores, amigos y fans: presumir de una escapada exótica, dar que hablar en los portales de ligoteo on-line, retratos para perfiles profesionales en LinkedIn o simples chutes de autoestima tras una ruptura de pareja con los que mantener “arriba” nuestro humillado ego. Ligar, sed admirados o demostrar seguridad, autoconfianza, mostrar nuestro lado más divertido, inteligente e inspirador a través de la pose más perfecta. Sentirnos guapos y transmitirlo al mundo.
En la era de hiperpresencia fotográfica, se acentúa nuestra obsesión por reproducir esa expresión o mueca en la que nos vemos más favorecidos y nos sentimos mitificados ante la expectación de todos los ojos del mundo, el centro de las miradas de la globalidad.




Cada vez son más los profesionales fotográficos especializados en que nos sintamos protagonistas del día en los distintos círculos virtuales, permitiéndonos ofrecer nuestra mejor versión  a través de Internet, brindar una imagen cuidada en las redes sociales y laborales o resultar atractivos y mejorar nuestra popularidad on-line. Cada día se contratan reportajes tipo life style, street style, donde los protagonistas aparecen con un estilismo y postura desenfadados, casi como si se las hicieran con sus mejores amigos un día de marcha. Sacar a relucir nuestro lado más sexy con en sesiones boudoir (sensuales y elegantes). Un toque experto que consiga inmortalizarnos en una mañana en todos los looks posibles, con tal de subir áun más el listón artístico de nuestras imágenes personales, quizá hasta que la compulsión de lograr ser lo más cool en Instagram, Pinterest o Youtube desaparezca. ¿Pasará la egolatría de moda? A tenor del “egoboom” actual, parece improbable que renunciemos a compartir nuestro profesional postureo. Las nuevas generaciones parecen asimilar sin dificultad la idea de construir una imagen de marca instintivamente. Niños y adolescentes reaccionan ante el objetivo con poses muy exageradas.



Por otro lado es indudable el potencial económico del asunto, ya que las marcas se han dado cuenta de que esas felices fotos de viajes, y sobre todo de moda, que inundan nuestro timeline pueden incrementar sus ventas y, en ocasiones, han contactado con los autores, que a menudo se hacían fotos por hedonismo.

Blogueros e instagrammers que han alcanzado el estatus de influencia en  Social Media, son consciente de la posibilidad de un negocio en el horizonte, lo que no deja de ser un incentivo más para la mejora de las fotografías colgadas en el muro, en las que se desdibuja la frontera entre lo personal y lo profesional. Cada día también crece el número de emprendedores que empiezan a sacar partido a esto utilizando autorretratos para respaldar la venta de toda clase de productos y servicios.


Social Media que se han convertido en una suerte de mundo feliz en el que resulta obligatorio irradiar y compartir nuestro éxito en la vida para hacer que perdure o, al menos, disimular nuestros humanos problemas ante los escépticos. Y ahí están las fotos para demostrarlo. Una suerte de narcisimo autoafirmativo y exhibicionismo descarado cuya falta de disimulo y constancia no pretende más que compensar, precisamente, nuestros bajos niveles de autoestima.

Una cosa es buscar ser atractivos para conseguir un trabajo o mejorar la venta de un producto, y otra muy distinta es el lucimiento gratuito sin medida enquistado en poses de éxito. Dime de qué presumes…


sábado, 18 de julio de 2015

Jornada de Clausura en Tomelloso


PROGRAMA DE EMPRENDIMIENTO FEMENINO EN SECTORES ECONÓMICOS EMERGENTES Y NUEVAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIO EN TOMELLOSO

JORNADA CLAUSURA
Miércoles 15 de julio de 2015
Asociación de Empresarios de Tomelloso
Calle Socuéllamos, 96
13700 Tomelloso (Ciudad Real)

Clases magistrales

09:45 Taller “Plan de Acción Comercial y Técnicas de Venta” Dña. Pilar Cuadra Ortiz. Consultora de INCYDE y gerente de ESPACIOSQUEVENDEN

10:45 Taller “Redes Sociales como herramienta de marketing y venta” D. Juan Vila-Coro Laviña. Consultor de INCYDE.

11:45 Descanso

12:00 “Financiación alternativa para proyectos empresariales” María Camacho. Técnico del Dpto. de Desarrollo Empresarial. Cámara de Comercio de Ciudad Real.

13:00 Clausura del Programa “Emprendimiento femenino en sectores económicos emergentes y nuevas oportunidades de negocio”.

Autoridades asistentes:

  • Dña. Rosa Urbón Izquierdo, Directora Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades.
  • Dña. Inmaculada Jiménez Serrano, Alcaldesa de Tomelloso.
  • D. Julián Jurado Mayordomo, Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Ciudad Real.
  • Dña. Esther Belló González, Presidenta de la Asoc. Empresarios de Tomelloso y Dña. Dorín Navarro Heras, Vicepresidenta de la Asoc. Empresarios de Tomelloso.
  • D. Javier Collado Cortés , Director General de la Fundación INCYDE

Presentación de Proyectos:

  • Marie Dominique Pierre - Apis Vital. Productos y servicios relacionados con las abejas.
  • María Isabel Jiménez Carrasco - Trebol Networks. Equipamiento en telecomunicaciones.


Entrega de diplomas



13:45 Vino español




sábado, 11 de julio de 2015

No, sin los Milennials


El marketing sociológico ha dado en etiquetar a los jóvenes nacidos entre 1981 y 1997 con el sugerente apelativo de “millennials”, aquel grupo que a partir del 2015, con sus criterios propios y contradictorios de consumo, inicia su década de máximo nivel del gasto, repercutiendo de modo significativo en la economía local y mundial.

Un perfil más pormenorizado los describe como nativos digitales con alto desinterés por la política y la religión, asfixiados por las deudas contraídas para alcanzar unos niveles de estudio post-universitarios que les permitan afrontar un desempleo y una precariedad laboral sin precedentes, posponiendo contraer vínculos legales de relación y la adquisición de vivienda, aue abraza la economía colaborativa y duerme con iPhone 6 o su tableta de última generación cerca de la cama. Jóvenes que no admiten que una empresa genere beneficios sin antes mejorar la sociedad, exigiendo, para admitir ser contratados por una empresa, políticas de integración y responsabilidad social corporativa.


¿Cómo captar el interés de un grupo tan contradictorio y con unos criterios de comportamiento tan difusos?

A diferencia de otras generaciones, los millennials esperan que te acerques a ellos bajo sus propias condiciones. Esto puede significar utilizar las redes sociales, los mensajes de texto u ofrecerles sistemas electrónicos de pago. Los millennials esperan que seas tú quien se adapte a ellos si quieres hacer negocios. Pero existe algo que definitivamente no funciona: las propuestas estándar. Quizá por eso se haya producido también un cambio en el mercado inmobiliario, en el porcentaje de personas que alquilan, debido al cierre del grifo de la financiación en una era de cambio tecnológico, globalización y disrupción económica.

También a la hora de consumir buscan marcas transparentes, honestas y que mantengan políticas de responsabilidad social corporativa. Acostumbrados a vivir fuera del anonimato, comparten en las redes sociales sus gustos, criterios e incluso su infidelidad hacia las marcas.



En el fondo es la llamada a un nuevo mundo en el que hay que alquilar y no solo vender (apartamentos, tecnología); potenciar la distribución para permitir las compras impulsivas y separar los productos que se basan en el precio inteligente frente a los que son de marca. Quizá todo se condense en apelar a la globalización de una propuesta que esté disponible y se consuma en todo el mundo.

En el advenimiento de este tiempo distinto, resulta incuestionable que la irrupción tecnológica ha cambiado el entorno de cómo se consume y qué. Los millennials han abierto la caja de Pandora, acabando con la idea del “cliente de por vida”. La competencia en el paisaje del comercio minorista resulta mayor que nunca.

Los millennials son en buena parte responsables de que España sea el país europeo con mayor tasa (75%) de penetración de smartphones.

Los hábitos de estos jóvenes están más relacionados con la movilidad que las generaciones anteriores y su ritmo se encuentra muy próximo a la actualidad. Comienzan a calar los servicios de click & collect (recogida en consignas automáticas de pedidos online), la compra a partir de códigos QR o las aplicaciones que comparan precios. Porque los millennials no se casan con nadie. Ni siquiera con su propio destino. Es una generación que no se ha preocupado por conocer el mercado de trabajo ni por pensar en términos de carrera profesional.


En resumen, parece que todas las empresas quieren seducir a los millennials, una generación tecnológica y sensibilizada hacia la economía colaborativa y el bien común, que inicia su década de mayor nivel de gasto con unos criterios de consumo nunca vistos. Si piensan que son relevantes desde la perspectiva económica, echen un vistazo a cómo están remodelando la actual política.