sábado, 11 de julio de 2015

No, sin los Milennials


El marketing sociológico ha dado en etiquetar a los jóvenes nacidos entre 1981 y 1997 con el sugerente apelativo de “millennials”, aquel grupo que a partir del 2015, con sus criterios propios y contradictorios de consumo, inicia su década de máximo nivel del gasto, repercutiendo de modo significativo en la economía local y mundial.

Un perfil más pormenorizado los describe como nativos digitales con alto desinterés por la política y la religión, asfixiados por las deudas contraídas para alcanzar unos niveles de estudio post-universitarios que les permitan afrontar un desempleo y una precariedad laboral sin precedentes, posponiendo contraer vínculos legales de relación y la adquisición de vivienda, aue abraza la economía colaborativa y duerme con iPhone 6 o su tableta de última generación cerca de la cama. Jóvenes que no admiten que una empresa genere beneficios sin antes mejorar la sociedad, exigiendo, para admitir ser contratados por una empresa, políticas de integración y responsabilidad social corporativa.


¿Cómo captar el interés de un grupo tan contradictorio y con unos criterios de comportamiento tan difusos?

A diferencia de otras generaciones, los millennials esperan que te acerques a ellos bajo sus propias condiciones. Esto puede significar utilizar las redes sociales, los mensajes de texto u ofrecerles sistemas electrónicos de pago. Los millennials esperan que seas tú quien se adapte a ellos si quieres hacer negocios. Pero existe algo que definitivamente no funciona: las propuestas estándar. Quizá por eso se haya producido también un cambio en el mercado inmobiliario, en el porcentaje de personas que alquilan, debido al cierre del grifo de la financiación en una era de cambio tecnológico, globalización y disrupción económica.

También a la hora de consumir buscan marcas transparentes, honestas y que mantengan políticas de responsabilidad social corporativa. Acostumbrados a vivir fuera del anonimato, comparten en las redes sociales sus gustos, criterios e incluso su infidelidad hacia las marcas.



En el fondo es la llamada a un nuevo mundo en el que hay que alquilar y no solo vender (apartamentos, tecnología); potenciar la distribución para permitir las compras impulsivas y separar los productos que se basan en el precio inteligente frente a los que son de marca. Quizá todo se condense en apelar a la globalización de una propuesta que esté disponible y se consuma en todo el mundo.

En el advenimiento de este tiempo distinto, resulta incuestionable que la irrupción tecnológica ha cambiado el entorno de cómo se consume y qué. Los millennials han abierto la caja de Pandora, acabando con la idea del “cliente de por vida”. La competencia en el paisaje del comercio minorista resulta mayor que nunca.

Los millennials son en buena parte responsables de que España sea el país europeo con mayor tasa (75%) de penetración de smartphones.

Los hábitos de estos jóvenes están más relacionados con la movilidad que las generaciones anteriores y su ritmo se encuentra muy próximo a la actualidad. Comienzan a calar los servicios de click & collect (recogida en consignas automáticas de pedidos online), la compra a partir de códigos QR o las aplicaciones que comparan precios. Porque los millennials no se casan con nadie. Ni siquiera con su propio destino. Es una generación que no se ha preocupado por conocer el mercado de trabajo ni por pensar en términos de carrera profesional.


En resumen, parece que todas las empresas quieren seducir a los millennials, una generación tecnológica y sensibilizada hacia la economía colaborativa y el bien común, que inicia su década de mayor nivel de gasto con unos criterios de consumo nunca vistos. Si piensan que son relevantes desde la perspectiva económica, echen un vistazo a cómo están remodelando la actual política.


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