Mejorar
nuestros comercios en una situación como la actual es una cuestión crucial tan
complicada como necesaria. La exigencia de innovación comercial, capaz de
obtener más resultados pero con menos recursos, requiere un complejo juego de ensamblajes
entre los ecosistemas humano y tecnológico capaz de afrontar la diversidad de
situaciones que requiere el momento.
¿Es posible
ofrecer novedades en productos pero, sobre todo, en servicios, en un panorama
demoledor de ajustes presupuestarios que zarandea los cimientos mismos de la
actividad comercial? Posible no, obligatorio. Innovar nunca a resultado un
proceso fácil o predecible, dado que siempre ha requerido del concurso
improbable de elementos conocidos bajo una óptica no sólo novedosa, sino
claramente mejorada. Es la creciente incertidumbre la que exige una política de
mejora de calidad en todos los procesos involucrados en el quehacer comercial,
la que garantiza su sostenibilidad y supervivencia en las actuales condiciones.
Las buenas
ideas son el dulce fruto de procesos lentos que requieren un maridaje permanente
entre la flexibilidad de nuestra estructura y la dinámica compleja del mercado
de consumo cada vez más diversificado, requiriendo de dosis mayores de
inteligencia comercial proactiva frente a la inercia reactiva. Sólo resulta
posible adelantarse al futuro, cuando intervenimos en su diseño. La tendencia
es que ese diseño incorpore beneficios que no dejen de lado ni la
responsabilidad social ni las buenas prácticas, bajo la vaporosa etiqueta de
empresas 3.0 o centradas en captar clientes alineándose no sólo en su capacidad
adquisitiva, sino, por encima de todo, en sus valores. Vamos hacia empresas totalmente
acompasadas al pensar y sentir de sus clientes. Los valores tras el dinero
determinarán hacia dónde se dirige éste, y no al revés, como ocurría hasta
ahora.
El mundo se está
moviendo. Sólo sobrevivirán aquellas empresas capaces de ajustarse con éxito a
dicho movimiento transformador, esto es, capaces de transformarse desde su
propia esencia. Empresas diseñadas para girar a tiempo, para modificar todos
sus parámetros comerciales. Hechas por y para adaptarse al cambio, para saber cambiar
a cada paso del mercado. Flexibles, transparentes, alineadas, abiertas al ritmo
del cambio, capaces de acompasarse y “respirar” con sus clientes.
Hoy más que nunca, clientes y empresas están
embarcados en una aventura común y necesitan acercar perspectivas, intercambiar
de manera permanente ideas y proyectos, estar cerca en los unos de los otros.
No sabemos cómo será el futuro, por lo que no resulta completamente
descabellado el atreverse a diseñarlo, para acertar en cada una de nuestras
decisiones. Los comercios a la carta son hoy una posibilidad más necesaria que
nunca. Nadie va a comprar ni a invertir en ninguna empresa que no sea de su
total confianza. No están los tiempos para arriesgarse. Por eso es necesario,
apostar sobre seguro, y hacer las cosas cada día mejor que nunca. Hay mucho dinero,
pero éste no se va a ir a cualquier lado. Hoy, más que en ningún otro momento,
no cabe improvisar o poner parches, las empresas han de funcionar
orgánicamente, han de ser capaces de adaptarse -o morir- como un todo integrado. Quizá la
suya ¿ya ha tomado una decisión al respecto? Si no es así, no pierda una
ocasión única de compartir y promover algunas soluciones emergentes con
nosotros. Todo depende de ti. ¡Tú eres la solución que llevas tanto tiempo esperando!



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